
18 de febrero
Mujeres y hombres nos hemos emocionado, agitado e inquietado al conocer que la película peruana La Teta asustada había el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín, uno de los más importantes del mundo. Conmovidas, porque por primera vez una película gana este galardón, y por la historia tan íntima, personal, pero a la vez pública, representativa y nacional que encierra la trama.
La película, cuya historia sabemos solo por titulares hasta que podamos verla en vivo, nos muestra una de las realidades más crudas y sensibles del país , loca casos de violencia sexual, el miedo, la exclusión y el maltrato a las mujeres peruanas ocurrida durante el periodo de violencia política que vivió el país durante la década pasada y que recogió la Comisión de la Verdad en su Informe Final.
La historia de Fausta y su madre, es la historia de muchas mujeres viviendo una guerra civil sin cuartel, que se desenvolvía con fuerza a su alrededor, el abandono por parte del Estado y la persistencia de la pobreza, presas del miedo que no permitía escapar de ese mundo miserable y que aún ahora no nos deja vivir reconciliados con nuestra historia. A su vez, recoge el mito que suele hallar en la narración oral andina ayacuchana sobre una enfermedad que cargan los hijos de las mujeres que fueron violadas y maltratadas durante sus meses de embarazo en la época de la violencia política, y al que se le llama "la teta asustada", que se trasmite a través de la leche materna de las mujeres violentadas o maltratadas.
Manuela Ramos trabaja hace más de 15 años en Ayacucho. Los Morochucos es uno de los seis distritos de la Provincia ayacuchana de Cangallo, conocido no sólo por disputar el primer lugar entre los más golpeados por la violencia política sino por haber ocupado y seguir haciéndolo, uno de los indeseados puestos principales entre los departamentos más pobres del Perú.
A pesar de esta pobreza y la exclusión estatal, como factores contribuyentes a la violencia política manifiesta y latente, aún no se han hecho esfuerzos sustantivos para superar dichos problemas y promover el cumplimiento de los derechos humanos de la población rural andina.
Catalina, una pobladora ayacuchana, nos decía en el 2005 “Una cosa es escuchar sobre la violencia y qué podemos hacer en un caso así, otra es verte con una mujer golpeada frente a ti, pidiéndote ayuda, temerosa de volver a su casa porque cree que ahora sí la van a matar...”.
Aún en estos tiempos este testimonio recoge las desigualdades existentes en diversas regiones del Perú con casos como el maltrato y la violencia familiar, la violencia sexual, hijos no reconocidos y la ausencia de fuentes de ingreso propias o de autonomía.
Mujeres y hombres nos hemos emocionado, agitado e inquietado al conocer que la película peruana La Teta asustada había el Oso de Oro del Festival Internacional de Cine de Berlín, uno de los más importantes del mundo. Conmovidas, porque por primera vez una película gana este galardón, y por la historia tan íntima, personal, pero a la vez pública, representativa y nacional que encierra la trama.
La película, cuya historia sabemos solo por titulares hasta que podamos verla en vivo, nos muestra una de las realidades más crudas y sensibles del país , loca casos de violencia sexual, el miedo, la exclusión y el maltrato a las mujeres peruanas ocurrida durante el periodo de violencia política que vivió el país durante la década pasada y que recogió la Comisión de la Verdad en su Informe Final.
La historia de Fausta y su madre, es la historia de muchas mujeres viviendo una guerra civil sin cuartel, que se desenvolvía con fuerza a su alrededor, el abandono por parte del Estado y la persistencia de la pobreza, presas del miedo que no permitía escapar de ese mundo miserable y que aún ahora no nos deja vivir reconciliados con nuestra historia. A su vez, recoge el mito que suele hallar en la narración oral andina ayacuchana sobre una enfermedad que cargan los hijos de las mujeres que fueron violadas y maltratadas durante sus meses de embarazo en la época de la violencia política, y al que se le llama "la teta asustada", que se trasmite a través de la leche materna de las mujeres violentadas o maltratadas.
Manuela Ramos trabaja hace más de 15 años en Ayacucho. Los Morochucos es uno de los seis distritos de la Provincia ayacuchana de Cangallo, conocido no sólo por disputar el primer lugar entre los más golpeados por la violencia política sino por haber ocupado y seguir haciéndolo, uno de los indeseados puestos principales entre los departamentos más pobres del Perú.
A pesar de esta pobreza y la exclusión estatal, como factores contribuyentes a la violencia política manifiesta y latente, aún no se han hecho esfuerzos sustantivos para superar dichos problemas y promover el cumplimiento de los derechos humanos de la población rural andina.
Catalina, una pobladora ayacuchana, nos decía en el 2005 “Una cosa es escuchar sobre la violencia y qué podemos hacer en un caso así, otra es verte con una mujer golpeada frente a ti, pidiéndote ayuda, temerosa de volver a su casa porque cree que ahora sí la van a matar...”.
Aún en estos tiempos este testimonio recoge las desigualdades existentes en diversas regiones del Perú con casos como el maltrato y la violencia familiar, la violencia sexual, hijos no reconocidos y la ausencia de fuentes de ingreso propias o de autonomía.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada